La arquitectura hostil es una clara agresión directa a las personas sin hogar ni un lugar para descansar que no sea la calle. Ataca y traslada a personas en situación de pobreza, construyendo una imagen de ciudad que no incomode a los ojos del turista a base de privatizar y jerarquizar el espacio público. Estos modelos urbanísticos obstruyen y restringen los encuentros entre nosotres, empujándonos a una socialización limitada e el consumo. Los bancos y las plazas y las calles están para que estemos todes, para estar por estar y para estar juntes.