Nos mudamos de local y necesitamos tu ayuda para que este colectivo autogestionado y antiautoritario continúe fumigando ideas venenosas, liberando un local para la contracultura y la resistencia en Bilbo.
El estallido de la guerra civil española en julio de 1936 abrió a los militantes revolucionarios españoles y del resto del mundo, pero muy especialmente a los exiliados antifascistas refugiados en Francia, Bélgica o España, la posibilidad de salir de la inactividad forzosa en la que se veían reducidos, para participar en la que se anunciaba como una profunda revolución social. La Barcelona revolucionaria de 1936-1937 permitió que el combate individual se fundiese en una guerra de clases que ofrecía la posibilidad de luchar contra el fascismo y transformar el mundo.
Una enorme explosión sacude la ciudad de San Petersburgo. El carruaje del zar acaba de saltar por los aires y el cuerpo del monarca se encuentra despedazado sobre la acera. Los responsables del asesinato son miembros de Narodnaya Volia, la organización secreta más temible de la historia del nihilismo ruso. Sus células, que se extienden por más de cincuenta ciudades, están formadas por agitadores, delincuentes y revolucionarios, por conspiradores que traman en las sombras la caída de la tiranía zarista. Una de las máximas responsables de la organización es Vera Figner, una joven de familia acomodada que forma parte del Comité Ejecutivo, el órgano encargado de establecer las líneas estratégicas que siguen las diferentes células. Vera la terrible, la sonámbula, la melancólica. Vera la radiante, la convulsa, la vengativa. Vera la tenebrosa, la bella, la violenta. Vera la turbulenta, la enferma, la olvidada.
En 1927, Vera Figner publicará las memorias de sus años al frente de Narodnaya Volia. En ellas hablará de fiebres e incendios, de delirios que aceleran los relojes de la Historia y artefactos explosivos que hacen caer regímenes enteros. Pero también de la prisión y el exilio, de la represión y la muerte. Enferma y al borde de la locura, Vera pasará más de veinte años en una de las peores cárceles zaristas, condenada al más terrible de los infiernos. Pero en medio del horror, nunca olvidará que allí donde haya un tirano, habrá alguien dispuesto a combatirlo.
Leopoldo María Panero pasó gran parte de su vida internado en instituciones psiquiátricas. De esa experiencia surgió una poesía dura y descarnada, pero también una reflexión enormemente crítica con el régimen psiquiátrico. Para Panero la psiquiatría era un sistema de disciplinamiento, un dispositivo de control social en manos del poder. Su pensamiento le llevará a formar parte de la corriente de la antipsiquiatría, que a partir de los años setenta se enfrentará a la sobremedicalización, la invisibilización, la contención física y el recorte de libertades de las personas en situación de sufrimiento psíquico. Con el paso del tiempo, sus reflexiones evolucionarán hacia un mayor hermetismo y sus escritos se llenarán de elementos procedentes de la magia y la mística. Para entonces, Panero se había convertido involuntariamente en el gran poeta maldito de la literatura española contemporánea, pero lo que dejaban ver sus escritos era, sobre todo, dolor.
Pietro Carta y Paolo Mannoni son de la misma quinta: 1899. El padre de Pietro está a cargo de las tierras del padre de Paolo, don Pasqualino Mannoni, de los Mannoni que se hicieron ricos con el pecorino. Viven en el pequeño pueblo de Lollove, en pleno corazón de Cerdeña, y juntos se crían al aire libre, bajo la estricta supervisión de Annica, la gobernanta. El señorito Paolo, frágil y dependiente, va a la escuela y se precia de enseñar a Pietro a leer y a escribir. Pietro, fuerte como una cría de muflón, presume de conocer todos los secretos de la naturaleza. En el continente ha estallado la Gran Guerra, y llega el día en que Paolo es llamado a filas y que Pietro, por un pacto entre familias, se ve obligado a alistarse también. Pero en el frente esos pactos de clase son papel mojado, igual que la brecha entre ricos y pobres.
Desde los albores de la era industrial, la mejor y casi única arma de los y las trabajadoras contra la explotación de su fuerza de trabajo ha sido la acción colectiva. Gracias a ella, a lo largo del último siglo y medio y en prácticamente toda la geografía del planeta se han repetido experiencias de ocupación de fábricas, constitución de consejos obreros y democratización de los centros de trabajo. Los colectivos que protagonizaron esas luchas no necesitaron grandes referencias previas; la ocupación de los medios de producción y su autogestión por parte de los trabajadores parece emerger como expresión genuina y directa de los intereses históricos y materiales de sus protagonistas.
A lo largo de este volumen documentaremos algunas de esas experiencias. Expondremos primero el debate teórico que las ha acompañado para sumergirnos enseguida en luchasdesarrolladas tanto en sociedades capitalistas como bajo formas de socialismo de Estado. Desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XXI recorreremos diferentes manifestaciones de un movimiento que hasta el momento apenas ha salido de las sombras. Nuestro objetivo es poner el foco sobre esos momentos de empoderamiento de los y las trabajadoras y revelar la importancia de las luchas obreras contra formas de control autocráticas o injustas impuestas, ya vengas impuestas por el capital, por empresas, por sindicatos tradicionales o incluso por partidos o burocracias estatales. Porque en última instancia, confiamos en que esas formas de lucha sirvan para alimentar el deseo de construcción de nuevas de democracia obrera.
We use cookies to provide you a better user experience on this website. Cookie Policy